viernes, 25 de febrero de 2011

CORAZONES PARTIDOS

Una historia que data del 2008, pero es notorio que en nuestros país esta historia se repitió, se repite y se seguirá repitiendo. Ser jubilado en el Perú es vivir a la diestra de la pelona, hacer cola con ella, almorzar con ella, dormir con ella y aprender a convivir con ella.


CORAZONES PARTIDOS[1]

Ubilde Suárez Cornejo tenía 80 años y era presidente de la Confederación de Trabajadores Jubilados del Perú. Ayer, mientras terminaba de hablar en una audiencia pública de la Sexta Sala Civil de Lima, el corazón se le plantó.

Suárez Cornejo había hecho el enésimo alegato de su vejez para que el Estado les reconociera a los jubilados los devengados previstos en la ley 23908. Fue al terminar sus argumentos en contra de la Oficina de Normalización Previsional –esas malditas Ventanillas de las que escapan negaciones dichas con gusto, no es con halitosis, regrese-usted- mañana dichos con un diente de oro–, después de oír su última frase, fue en ese momento, decía, que el pecho le pesó como un yunque.

Suárez se derrumbó ante la incredulidad de la Sala, presidida por el siempre doctor Arnaldo Rivera Quispe. Según Humberto Mesías, secretario de Organización del gremio de los jubilados sometidos a la ley 19990, los jueces demoraron más de media hora la llegada de los médicos porque estaban convencidos de que Suárez Cornejo fingía y dramatizaba para hacer más convincente su discurso. ¿No son unos mañosos estos, doctor, unos teatreros?

La verdad es que Suárez había sido fulminado por un ataque al corazón. Cuando llegaron los camilleros con cara de morgue y el fiscal de turno con su ábaco de muertos públicos, encontraron en uno de sus bolsillos las pastillas sublinguales que no alcanzó a llevarse a la boca.

Suárez Cornejo tendría que darle gracias al destino por terminar como terminó: con la cólera puesta, la palabra en la boca, una sala escuchándolo. Más que al destino, tendría que haberle agradecido al corazón inteligente que le editó la última escena de su vida como si Vittorio de Sicca hubiese sido el guionista. Hubiera tenido que darle las gracias al corazón fiel y camarada que lo exoneró de las cámaras lentas, los dolores lentísimos, la demorada muerte de la jubilación misérrima.

Porque el Estado es más o menos bueno con los que esquilma pero es un truhán con los que ya esquilmó y dejaron de estar en la maquinaria de la producción. Dicen que aquí no hay pena de muerte, pero es a la muerte despaciosa a la que se condena a los viejos de la cédula muerta, a los pensionistas de los 280 soles, de los 470 soles, de los 195 soles. Ser un viejo jubilado en el Perú es ponerte en una cola que da la vuelta a la manzana. Es esperar la compasión que no te ha de mirar ni de reojo. Es hacer otra cola para que, al final, te den un genérico dudoso comprado por tonelada y comisión. Es esperar inútilmente la gratitud que perdió el vuelo, el tren, la dirección, la gratitud que no tiene pasaje de vuelta.

Ser viejo ya es triste porque, como decía Leopardi, la vejez priva a la gente de los placeres pero le deja las apetencias. Pero ser viejo y jubilado común en el Perú es peor que perder la esperanza. Un Estado ladrón gobernado por sucesivos forajidos condena a sus viejos a la indigencia mientras el dinero que les sacó de los bolsillos se convirtió en la carretera a Eisha, el subsidio a los Picasso, el regalito al Edelnor privatizado, la planilla gigante de los ministerios, el Banco de Materiales que era una casa de putas, la casa de putas que era el Banco que tuvo que ser salvado porque peligraba el sistema, ¿verdad PPK, comisionista de dos mundos y un solo bolsillo?

Si no eres solvente por herencia o por hábito o por lotería, muérete a tiempo, por favor. Que no te toque tocar puertas sordas y llamar a teléfonos que escupen grabaciones. Claro, hay excepciones. Una de ellas es esta: si robaste en mancha, en masa, en macrocifras, si con el diez por ciento de ese dinero compraste la impunidad y la prescripción y con otro diez por ciento te hiciste de una reputación de segunda mano aunque de buen ver, si eres un megaladrón y estás megablindado porque sales en los cuchés y pusiste plata en la campaña del que corta el jamón, entonces criogenízate y dura hasta que el hartazgo te liquide.

Es cierto que sólo vemos envejecer a los demás. Es el consuelo narcisista que Malraux definió tan bien. Pero si eres pensionista en el Perú, no tienes ni siquiera el alivio de la distracción. El maltrato te obliga a mirarte en el espejo. La vida a la que te reducen te aniquila. Mueres de Ventanilla, de cola interminable, de proctólogo con mala cara y poco tiempo, de pan con mantequilla pero sin mantequilla.

Ayer murió, enfrentando a los abogados de la ONP, don Ubilde Suárez Cornejo. Murió de inciso.




[1] Diario La Primera, Columna de César Hildebrant del 23 de abril del 2008.

viernes, 28 de enero de 2011

VARGAS LLOSA Y EL SIGLO XXI

LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO[1]

Hace dos años, en la revista española “Letras Libres” el hoy Nobel de Literatura 2010, escribió un extenso artículo en el que toca aspectos medulares del siglo XXI y lo revela como el profundo pensador que es.
Aquí algunos fragmentos…

LA BANALIZACIÓN:

“¿Qué quiero decir con civilización del espectáculo? La de un mundo en el que el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias a veces inesperadas. Entre ellas la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y, en el campo específico de la información, la proliferación del periodismo irresponsable el que se alimenta de la chismografía y el escándalo”.

TODO “LIGHT”:

[…] la literatura más representativa de nuestra época [es] la literatura Light, es decir, leve, ligera, fácil, una literatura que sin el menor rubor se propone ante todo y sobre todo (y casi exclusivamente) divertir. Los lectores de hoy quieren libros fácilmente asimilables, que los entretengan, y esa demanda ejerce una presión que se vuelve un poderoso incentivo para los creadores.

LA CRÍTICA:

“[…] ¿alguien lee a esos paladines solitarios que tratan de poner cierto orden jerárquico en esa selva y ese caos en que se ha convertido la oferta cultural de nuestros días? Lo cierto es que la crítica, que en la época de nuestros abuelos y bisabuelos desempeñaba un papel central en el mundo de la cultura porque asesoraba a los ciudadanos en la difícil tarea de juzgar lo que oían, veían y leían, hoy es una especie en extinción a la que nadie hace caso, salvo cuando se convierte también ella en diversión y en espectáculo. La literatura light, como el cine light y el arte light, da la impresión cómoda al lector, y al espectador, de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la vanguardia, con el mínimo esfuerzo intelectual”.

GASTRONOMÍA Y MODA:

“[…] es normal y casi obligatorio que la cocina y la moda ocupen buena parte de las secciones dedicadas a la cultura y que los “chefs” y los “modistos” y “modistas” tengan en nuestros días el protagonismo que antes tenían los científicos, los compositores y los filósofos. Los hornillos y los fogones y las pasarelas se confunden dentro de las coordenadas culturales de la época con los libros, los conciertos, los laboratorios y las óperas, así como las estrellas de la televisión ejercen una influencia sobre las costumbres, los gustos y las modas que antes tenían los profesores, los pensadores (y antes todavía) los teólogos”.

ESTRIDENCIAS:

“Las bandas y los cantantes de moda congregan multitudes que desbordan todos los escenarios en conciertos que son, como las fiestas paganas dionisíacas que en la Grecia clásica celebraban la irracionalidad, ceremonias colectivas de desenfreno y catarsis, de culto a los instintos, las pasiones y la sinrazón […] Ese es el modo contemporáneo, mucho más divertido por cierto, de alcanzar aquel éxtasis que Santa Teresa o San Juan de la Cruz alcanzaban a través del ascetismo y la fe. En el concierto multitudinario los jóvenes de hoy comulgan, se confiesan, se redimen, se realizan y gozan de esa manera intensa y elemental que es el olvido de sí mismos”.

LAS DROGAS:

“En nuestros días el consumo masivo de mariguana, éxtasis, crack, heroína, etcétera, responde a un entorno cultural que empuja a hombres y mujeres a la busca de placeres fáciles y rápidos, que los inmunicen contra la preocupación y la responsabilidad, al encuentro consigo mismo a través de la reflexión y la introspección, actividades eminentemente intelectuales que repelen a la cultura frívola, porque las consideran aburridas. Es para huir del vacío y de la angustia que provoca el sentirse libre y obligado a tomar decisiones […]”.

EL INTELECTUAL:

“[Los intelectuales] todavía firman manifiestos, envían cartas a los diarios y se enzarzan en polémicas, pero nada de ello tiene seria repercusión en la marcha de la sociedad […] los intelectuales solo brillan por su ausencia […] Confinados en su disciplina o quehacer particular, dan la espalda a lo que hace medio siglo se llamaba el “compromiso” cívico o moral del escritor y el pensador con la sociedad. Es verdad que hay algunas excepciones, pero, entre ellas, las que suelen contar – porque llegan a los medios – son las encaminadas más a la autopromoción y el exhibicionismo que a la defensa de un principio o valor”.

LAS ARTES PLÁSTICAS:

“Desde que Marcel Duchamp, que, qué duda cabe, era un genio, revolucionó los patrones artísticos de Occidente, estableciendo que un excusado era también una obra de arte si así lo decidía el artista, ya todo fue posible en el ámbito de la pintura y escultura, hasta que un millonario pague doce millones y medio de euros por un tiburón preservado en formol en un recipiente de vidrio y que el autor de esa broma, Damien Hirst, sea hoy reverenciado no como el extraordinario vendedor de embaucos que es sino como uno de los grandes artistas de nuestro tiempo […] el excusado de Duchamp tenía al menos la virtud de la provocación […] En ese ámbito la confusión reina y reinará por mucho tiempo, pues ya no es posible discernir con una cierta objetividad qué es tener talento o carecer de él, qué es bello y qué es feo […]”.

EL POLÍTICO:

“El político de nuestros días,  si quiere conservar su popularidad, está obligado a dar una atención primordial al gesto y a la forma de sus presentaciones, que importan más que sus valores, convicciones y principios. Cuidar de las arrugas, la calvicie, las canas, las monturas de la nariz y el brillo de la dentadura, así como del atuendo, vale tanto, y a veces más, que explicar lo que el político se propone hacer o deshacer a la hora de gobernar”.

LA FRIVOLIDAD:

“El diccionario llama frívolo a lo ligero, veleidoso e insustancial, pero nuestra época ha dado a esa manera de ser una connotación más compleja. La frivolidad consiste en tener una tabla de valores invertida o desequilibrada en la que la forma importa más que el contenido, la apariencia más que la esencia y en la que el gesto y el desplante – la representación – hacen las veces de sentimiento e ideas”.


[1] Diario “El Comercio”, Sección EL DOMINICAL, Págs. 8,9,10. Lima, domingo 10 de octubre del 2010.

sábado, 11 de diciembre de 2010

ERES UN AMANTE DEL OCIO

                                                 ERES UN AMANTE DEL OCIO[1]

Abraham Lincoln le escribe esta carta a su hermanastro John Johnston cuando éste le pide ayuda por hallarse en la más penosa bancarrota. Aunque la fecha de la carta no es precisable con exactitud puede colegirse que se escribió cuando el que fuera vencedor de la guerra de secesión ya había alcanzado el cargo de representante por Illinois por el Partido Whig, que más tarde sería la semilla del Partido Republicano.

Querido Johnston

No creo que sea conveniente que cumpla con tu requisito de darte ochenta dólares. En diversas ocasiones, cuando te he ayudado en poco, me has dicho que con eso te arreglarías, pero al poco tiempo te he encontrado en las mismas dificultades. Esto sólo puede obedecer a un defecto de tu conducta. Creo saber cuál es ese defecto. No eres perezoso, pero eres un amante del ocio. Desde que te conozco, dudo que hayas consagrado un día entero al trabajo. No te disgusta demasiado el trabajo, pero no trabajas demasiado, simplemente porque no crees ganar mucho con ello. Tu dificultad radica en este mal hábito: el de desperdiciar el tiempo. Es muy importante para ti, y más aún para tus hijos, que rompas ese hábito. Es más importante para ellos porque tienen más vida por delante, y les resultará más fácil evitar el hábito del ocio antes de adquirirlo. Ahora necesitas dinero urgente, y mi propuesta es que vayas a trabajar con el mayor empeño, para alguien que pague por ello. Que tu padre y tus hijos se encarguen de la casa y de todo lo concerniente a la siembra, mientras tú vas a trabajar por el mejor sueldo que consigas. Y para asegurarte una justa recompensa por tu valor, ahora te prometo que por cada dólar que obtengas por tu trabajo, y entre el corriente día y el primero de mayo, sea en contante o sonante o en descuentos de tu deuda, te daré otro dólar. De esta manera, si te contratan por diez dólares mensuales, obtendrás de mí otros diez dólares, ganando veinte dólares mensuales por tu trabajo. Con ello no quiero decir que tengas que ir a St. Louis, a las minas de plomo, ni a las minas de California, sino que busques la mensualidad cerca de tu hogar, Coles Country.

Si haces esto, pronto saldarás tus deudas y, lo que es mejor, adquirirás un hábito que te impedirá endeudarte de nuevo. Pero si ahora te ayudo a salir del atolladero, el año próximo estarás en similares aprietos. Dices que casi estarías por cambiar tu lugar en el cielo por setenta u ochenta dólares. Entonces valoras muy poco tu lugar en el cielo pues sin duda con mi ofrecimiento puedes obtener setenta u ochenta dólares en cuatro o cinco meses de trabajo. Dices que si te entrego el dinero hipotecarás la tierra a mi nombre, y que si no devuelves el dinero, me cederás la posesión.

¡Tonterías! Si ahora no puedes vivir con la tierra, ¿cómo vivirás luego sin ella?
Siempre has sido amable conmigo y no quiero ser rudo contigo. Al contrario, si sigues mi consejo, lo encontrarás más valioso que ocho veces ochenta dólares.

Afectuosamente.

Tu hermano.


[1] Semanario HILDEBRANT EN SUS TRECE, Año 1, Número 30. 12 de Noviembre del 2010. Pág 24

sábado, 20 de noviembre de 2010

MENSAJE DEL PRESIDENTE MUJICA

MENSAJE SABIO, SENCILLO , SIN ARTIFICIOS NI AMENAZAS!!!!.
Dijo José Mujica  (Presidente de Uruguay):

Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.

Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo le queda el placer.

Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.

¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!

Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.

No porque sea elegante sino porque es placentero.

Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines.

¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!

Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers.

En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos.

No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.

Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.

Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos.

Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques.

Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.
Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento.

En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada.
LA EDUCACIÓN ES EL CAMINO

Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación.

Y miren que es un puente largo y difícil de cruzar.

Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo.

Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.


Pero hay que hacerlo.

Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.

Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.

Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.

Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.

Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números.

Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.

Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa.

Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez.

O como los que vieron el fuego por primera vez.

Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.

Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo.

Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo.

Es abrumador.

Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente.

Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua.

Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes.

Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.

Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.

Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada.

Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública.

Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo. .....(Genial)

No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines.

Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.

Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica..

Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación.
No hay tarea más grande delante de nosotros.
 

 José Mujica  (Presidente de Uruguay)

Anécdota
Este tipo es increíble. Días atrás el periodista radial de una radio de Cap. Federal, llamado Negro Oro, hablando con Teté Coustarot, quien contaba que estaba comiendo en un pequeño restaurant de Colonia, cuando se apareció el Pepe con su mujer, en SU VW escarabajo del 81. Todo el mundo asombrado (menos los del restaurant, pues son concurrentes periódicos) Habló con todos. Todos los respetaron cuando almorzaban y al irse, saco su billetera y pagó como uno más . Teté llamó al mozo que la estaba atendiendo y le preguntó cómo es que le cobraban al Presidente de la República. ?? A lo que el mozo le contestó: si no lo hacemos, nos mata y no viene más.
Pensá además que de lo que ganan él como Presi y su mujer como funcionaria, le donan el 70% a su partido. Cuando le preguntaron porqué , porque le debo a mi partido lo que soy y es norma. Además si hasta hoy pude vivir con $4.000 uruguayos y  ahora entre mi Sra. y yo  llegamos a los U$s 7.000 por mes. Para qué queremos más?

domingo, 31 de octubre de 2010

CARTA A MI ABUELA ESPERANZA IZARRA

CARTA A MI ABUELA


Todos estábamos preparados, sabíamos que ese día llegaría, ¿cuál día?, pues el día en que nos ibas a dejar, para de esta manera poder estar tranquila y libre, sobre todo libre. Sabíamos que era lo mejor, que por fin dejarías de sentir esos dolores que tanto te atormentaban, que dejarías de sentirte una carga para tus hijos (como me lo dijiste en una oportunidad), en fin, dejarías este mundo en forma física para convertirte en un ángel protector, en nuestro ángel protector. Pero qué difícil es comprenderlo y asumirlo. Uno nunca termina por entenderse a sí mismo. Es muy difícil. Yo sabia de su situación, anhelaba que ese día llegara lo más pronto posible (yo que estuve tan cerca de usted, que tanto la quiero y aprecio a pesar de sus locuras y demonios internos y externos, a pesar de todo rogaba para que no sufra más, para que de una vez por todas pudiera descansar. Esas idas y venidas a la clínica, la quimioterapia, la radioterapia, su operación a la mama, la odisea de las enfermeras para encontrarle su vena, ya atrofiada por la quimioterapia, para los exámenes de sangre; y esa herida en el seno, esa maldita herida, la cual hasta sus últimos días la hizo sufrir), sin embargo, no me pude contener, no lo pude asumir, sabía que estarías mejor pero no lo asimilaba. Abuela, nunca me ha gustado llorar en público, es extraño pero creo que nunca lo he hecho. El sábado 20 me levante temprano, el viernes casi no estuve con usted[1], lo siento, pero había demasiada gente; yo quería estar a solas con usted, despedirme, y así fue. Llore mucho pero me sentí aliviado, aliviado porque siempre estuve a su lado cuando me necesito y eso nadie me lo puede refutar.

Estoy seguro que alguien como usted no mereció transitar por el funesto sendero de la agonía y la desesperanza. Tu mayor temor se cumplió abuela, nunca quisiste pasar por esa etapa, la cual sin embargo, algún día, muchos de nosotros la pasaremos. Depender de otras personas fue lo peor que te pudo pasar, peor que los terribles dolores provocados por esa terrible enfermedad, el cáncer. Esa dependencia te tuvo mucho tiempo deprimida y alterada. Esta dependencia junto con tus nervios y temores hicieron pasar muchos malos ratos a tus seres queridos, varias veces no te entendíamos. Ese carácter tan temperamental y muchas veces sin equilibrio sufrió una simbiosis con tus nervios y temores los cuales colaboraron en crear un sinnúmero de sentimientos, los cuales a su vez, en su gran mayoría fueron expresados de manera errónea y a veces en forma alterada.

Para una persona como usted, independiente desde joven, debió ser trágico, fastidioso, terrible, ya no poder asumir más esa independencia. Ésta, cortada por su enfermedad fue el punto de quiebre en su derrotero moral. Desde allí usted asumió una actitud pasiva y muchas veces dejada, la cual, sin darse cuenta, afectaba a aquellas personas que luchaban y dejaban de lado muchos quehaceres para poder estar con usted. Entre las cuales me incluyo. Yo siempre iba con la mejor de las intenciones, le llevaba algo de comer, me preocupaba por su medicina, por su estado de salud, etc. Cuando le recriminaba por no comer o por no tomar sus pastillas, la mayoría de las veces me respondía (su clásica respuesta, la cual siempre me irritaba): “Nadie se muere en la víspera”. Como odiaba esa respuesta, la cual manifestaba en forma muy clara su desidia, su desinterés para con su salud. Pero, lo que nunca llegue a comprender (hasta hace poco) fue que en una persona como usted, la cual hacia lo que quería y en la forma que quería, depender de unos medicamentos, de la limpieza diaria de su herida en el seno, de las agujas, de las visitas a diferentes especialistas (oncólogo, hematólogo y el especialista en dolor) para poder sobrevivir no tenia sentido. No tenia sentido en una mujer como usted, tal vez en otras personas sí, pero en usted, no, jamás. Hubo muchos momentos en los cuales pude sentir esa dejadez, esa amargura, esa tristeza y desolación. El más fuerte y dramático fue cuando tuvo que usar esos implementos suplementarios de los sanitarios, los pañales.

Pero, dejando de lado momentos recientes. Abuela, siempre le quise preguntar, ¿porqué dejo de frecuentar a sus amigas operadoras?, ¿porqué, luego de jubilarse, se aisló y decidió llevar una vida ermitaña?, ¿cómo hacia para llevar una doble vida, estricta y rigurosa casi en su totalidad (un ejemplo de cómo se debía comportar una persona, aunque muchas veces con un sentido del humor frívolo y pícaro), pero “criolla”, alegre y jaranera en toda reunión social, el “alma de la fiesta”? Son detalles, a los cuales no encuentro respuesta. Tal vez, abuela, usted sentía la obligación de ser un ejemplo de las buenas normas y costumbres (aunque muchas veces lo predicado, se quedaba solo en eso, en predica, es decir, salía su otro “yo”, el cual inclinaba la balanza hacia la Esperanza chacotera y criolla, pero a su vez llena de glamour y picardía). Pero, el “yo” estricto no la dejaba asistir a reuniones luego de jubilada, perdió todo contacto con sus amigas operadoras (muchas veces ellas quisieron comunicarse con usted, pero siempre rehuía a ellas). Por último, abuela, si no me equivoco, a fines de la década del 50´ debió ser muy difícil asumir la responsabilidad y el “qué dirán” (en una época de marcada tendencia patriarcal) de una madre soltera. Me imagino todas las cosas que dijeron de usted, los chismes y rumores llevando su nombre, estar en boca de chismosos y chismosas. ¿Cómo lo asumió?, ¿por eso hacía sobre tiempo, trabajando hasta 12 horas diarias? Es verdad que a sus hijos nunca les falto nada, es su gran mérito, por lo cual puede sentirse orgullosa y con justa razón. Siempre fue una mujer luchadora y bondadosa y, fue tan fuerte lo segundo, que siempre la obligaba a luchar por otros. Muchas veces (y soy testigo de ello) entregaba ayuda económica, a ojos cerrados, a diversos familiares (aunque muchos de ellos después de recibir y gozar de su gratitud le pagaron con rechazo e indiferencia, es más, ni se aparecieron para despedirse de usted en sus últimos días y, le cuento que ni siquiera fueron al velatorio ni al Campo Santo en Chorrillos). Hay detalles que uno nunca va a llegar a comprender. Sin embargo, tras su partida, la familia ha logrado reunirse y mantener contacto después de muchos años. Usted siempre decía que somos muy pocos y que debemos estar unidos, tal vez su partida sea una señal de ello.

Y, parafraseando a Mariátegui, abuela, es del todo cierto “que ahora que ya no estás con nosotros, siento que la vida que nos diste es la vida que te faltó”. Se te extraña y se te va a seguir extrañando. Hay un vacío muy grande en mi interior, el cual se encuentra siempre esperando que me digas: “seguro te has ido de chupinesco”, “¿sigues con el tomate? Tomáte una, tomáte dos”, “hijito ¿te has lavado la boquiiita?”, “toma tu papeliiito”. Son cosas que uno nunca va a dejar de extrañar y, estoy seguro que donde quiera que estés vas a estar esperándome con mi cepillo de dientes, mi pasta dental y mis papelitos; y de repente con una botella de vino para empezar con el tomate.


Tu nieto que te adora y extraña, José.


[1] Es algo inexplicable pero, muchas veces la trataba a mi abuela de usted. Claro, que muchas veces le decía abuela, pero conversando siempre le decía: usted se comporta de tal forma … , usted debería hacer tal cosa … , etc.

lunes, 18 de octubre de 2010

LA PERRA VIDA

Un artículo muy conmovedor, estoy seguro que a las personas con un poco de sensiblidad hacia las mascotas les va a encantar.


LA PERRA VIDA

César Hildebrant , Diario LA PRIMERA, 12/01/08.

Esta semana perdí a Moro, el perro que me acompañó a lo largo de los últimos 15 años.

Que un perro se muera de automóvil o disparo de microbús o pulmonía fulminante, es un golpe seco.

Pero que tu perro se muera de vejez y se vaya acabando paso a paso, es distinto. La muerte a plazos, la ruina por goteo, la demolición de la muerte pulgada a pulgada, es lo peor que le puede pasar a un amante de los perros.

Moro, en todo caso, no merecía morir así, supeditado a las lentitudes celestiales.
Así que si Dios no venía en su auxilio para evitarle los dolores de la artrosis y las sombras de esa mirada acuosa y la derrota plena de su pasada alegría de vivir, pues había que acudir al Dios de la compasión. Y eso fue lo que hice, entre dudas y lágrimas.

Ahora tengo sus cenizas en una urna de madera que está en mi dormitorio y que me acompañará el tiempo que me reste.

Moro nació en Andalucía y fue hijo de una gran cazadora. Era un mestizo con linaje de pachón y perdiguero de Burgos y tenía la mirada de un espía de liebres y las patas ágiles de una exhalación, que en eso se convertía cuando yo le gritaba “¡Pajarito!” y él corría a ver de qué se trataba.

Pero era un caballero y un día se tropezó con un pájaro aturdido por el golpe contra una mampara y lo dejó ir después de reconvenirlo con sus más pedagógicos ladridos. Una mañana, en Madrid, se me escapó y fue a pelear colmillo a colmillo con un individuo inglés que acababa de conocer pero que, en nombre de la Armada Invencible y de Gibraltar, odió a primera vista. El inglés lo doblaba en peso y en tamaño. La pelea fue brevísima, ambos salieron ilesos y Moro tenía la misma cara de Russell Crowe en “Gladiador”. Estaba radiante y esperaba mi aprobación. Se la di, desde luego.

Era un ciudadano porque el Ayuntamiento de Madrid le había puesto un chip en la oreja izquierda y tenía deneí canino y documentos en regla. Cruzó el Atlántico tres veces y creo que nunca me perdonó haber viajado en bodega y en una especie de jaula: se vengó una de esas veces orinándose en pleno aeropuerto Jorge Chávez, junto a una columna, a medio metro de un agente de aduanas.

Estoy convencido de que hablaba varios idiomas y de que su sabiduría excedía los niveles de un perro superdotado. Estoy convencido, además, de que otros contertulios solicitaban su consejo. De hecho a mí me solía asesorar en materias del corazón.

No era un perro dulzón sino sobrio y era atento sin ser rastrero. Tenía una intuición de la dignidad que ya quisieran muchos bípedos y un modo de entender las estupideces de los humanos que nunca dejó de sorprenderme. Cuando me divorcié, él quedó un tiempo fuera de mi tutela. Podría haberme recibido con algo de resentimiento después, a la hora de recuperarlo, pero no. Me trató con la benevolencia de siempre. Y puso cara de David Niven en “Buenos días, tristeza” cuando hubo de convivir con Molly, la manipuladora y malgeniada beagle que quiso amargarle la vida y fracasó en el intento.

Los perros, como se sabe, son lo mejor de la evolución. Chesterton le hace decir al padre Brown, uno de sus personajes más entrañables, que no se puede vivir sin perros a condición de que no los llamemos al revés (en inglés, la inversión de la palabra “dog” es “god”) y Rudyard Kipling escribió uno de sus mejores cuentos haciendo que Teem, un perro descubridor de trufas, cuente su historia en primera persona, como debe de ser. “De mi padre heredé mi hocico y tal vez un toque de genio. De mi madre, una filosofía práctica sin la cual el genio es como un pájaro con una sola ala”, dice Teem al comenzar su relato.

Sospecho que Moro hubiese podido escribir algo muy parecido. Adiós, hijo mío.