martes, 26 de abril de 2011

CUANDO SÁNCHEZ Y HAYA SE INSULTABAN

LA BATALLA ENTRE HAYA Y SÁNCHEZ[1]

Insultos intercambiados, en 1943, entre Victor Raúl Haya de la Torre y Luis Alberto Sánchez.

“Cartas marcadas” es una sección que no sólo dará cuenta de los envíos dictados por el amor sino también, eventualmente, de aquel intercambio epistolar que pinta a personajes históricos en toda su compleja dimensión. Las siguientes dos cartas expresan uno de los momentos más dramáticos de la vida interna del Apra y, en particular, de las relaciones siempre difíciles entre el líder Haya de la Torre y el más brillante de los intelectuales orgánicos del aprismo: Luis Alberto Sánchez. Se trata de dos ferocidades que reflejan lo que fue el año de 1943 para el Perú y el mundo: un año de tensiones, definiciones y recíprocas injurias. Sánchez venía de una estancia en los Estados Unidos, tras un largo exilio en Chile. Haya estaba en Lima y acusaba a Sánchez de no entender lo que pasaba en el Perú. Sánchez le respondería con uno de los ejemplos más memorables de aquella irónica acidez que siempre lo caracterizó. Las cartas estuvieron inéditas hasta 1982, cuando la editorial peruana “Mosca azul” las integró a una compilación de comunicaciones entre Haya y Sánchez (Correspondencia 1924 – 1951, Mosca Azul Editores, 1982).

CARTA DE HAYA DE LA TORRE
Marzo 29, 1943
Querido Luis Alberto Sánchez
… Me explico ahora el tono provocativo de tus últimas cartas, tu inocultable acrimonia y tu arrogante desdén hacia nosotros y nuestro esfuerzo… A esto se une ahora – y qué desagradable es tener que aludir a esto tratándose de un asunto familiar en los que odio mezclarme- , la campaña abierta y domiciliaria de tu Señora esposa contra el Partido, contra mí personalmente y contra todo lo que a nuestro movimiento se refiere…

Tu desvinculación del país de tantos años no sólo te ha llevado a tener de nuestro movimiento una visión deformada y casi toda construida por tu poderosa imaginación, sino que te ha llevado a equivocarte acerca de los hombres del campo enemigo nuestro… Me atrevo a decirte que pienses bien que aquella gente en la que tú pones confianza no tiene hacia ti la actitud que tú les manifiestas. Y tratarán de escarnecerte y tratarán de “agarrarte” – usaré la misma expresión del inmundo Pedro Ugarteche, vocero palaciego y vomitador oficial de todas las infamias, repugnantes pero autorizadas - , porque ellos no nos perdonarán nunca…

Yo podría recordar que “El Moquercio” ha dicho muchas cosas más de nosotros. Y lo que diga el enemigo contra el Aprismo es un homenaje de “la sotisse”. El Partido ha cumplido con su palabra de no traicionar a su línea, de mantenerse firme y moral en un país podrido por el Civilismo leguiísta, de ser leal a su causa y leal a su pueblo. Y eso es lo que importa. Que el enemigo nos calumnie y ofenda, es honor para nosotros. “¡Qué habré hecho de estúpido cuando la burguesía me elogia!”, decía Bebel. Y yo digo cuánto no haremos de bueno cuando el Civilismo nos odia y nos ataca. Que ellos nos llamen hombres sin palabra es un elogio. Nunca la tuvieron ellos. Son como las lamentaciones de Hitler porque “traidoramente” se bombardea Berlín…

Nunca he creído en mi infalibilidad y estoy seguro de que tú no aceptas ninguna porque tienes bastante con la tuya, cada vez más acusada y enorme… Y antes de que el error sea irremediable, medita. No te arrastre la vanidad, la pasión, el rencor o la debilidad ante influencias acaso malvadas. Estamos al borde de una época de definiciones tajantes…

Esta es la época o etapa final de una marcha hacia la izquierda que inició el mundo hace veinte años. Hasta “El Comercio” lo descubrió, único acierto. Izquierdismo es, genéricamente, liquidación del capitalismo en su forma primaria y esencial de expresión social y política… Además en el país cunde el asco ante tanta ignominia y de ese asco saldrá algo. Son náuseas de embarazo…

Con toda franqueza, debo decirte que si yo hubiera leído en tus juicios, alguna vez, uno certero que enfocara la situación política peruana, medularmente, lo habría reconocido con el mismo respeto con que saben mis compañeros que sus ideas tienen campo y acogida en mi entusiasmo. Pero el mismo defecto que tus críticos (y este es un juicio cada vez más extendido) señalan en tu obra literaria –(y perdona), apresuramiento, superficialidad, etc.- me parece tu fundamental defecto en el orden político…

Sé que entre tu sensibilidad y la mía hay un abismo. A nosotros sólo nos ha unido la fe en el Aprismo… Por eso, si pierdes la fe y rompes los lazos, ¿qué queda? Lo he sentido así en tu actitud con Manolo. Lo siento ahora contigo…

Y otra vez, perdona que ofenda tu orgullo con tantas expresiones sinceras de refutación a tus equivocados conceptos sobre la situación del Perú. Pero, lejos de toda cólera, me parece mejor usar la franqueza y el lenguaje neto antes que tus sarcasmos y estiletazos. No me gustan los golpes bajos (y perdona)… Cordialmente…


RESPUESTA DE LUIS ALBERTO SÁNCHEZ
Mayo 6 de 1943
Querido V.R.H
            …Algunas veces te he oído y leído que los chismes son cosas de proxenetas. Hay tantos chismes, y además inexactitudes y hasta calumnias en tu carta del 29 de marzo, que forzosamente tengo que suponer que te hallas materialmente asediado de proxenetas, y lo peor, les das crédito…

            Me hago cargo del estado de ánimo en que escribes. Pese a la formidable potencia del partido, que ha sido capaz de resistir el combinado embate de sus enemigos naturales y de sus propios afiliados y dirigentes, debes sentirte muy amargo al no poder uncir a la victoria tu carro. Todos hemos experimentado esa amargura, si bien sin la intensidad que tú. Días de sabor a ceniza y hiel en la boca, que convidaban a vomitar injurias, con acritud de profeta fallido, como los profetas del Antiguo Testamento. Eso es natural…

            Y es importante, aquí, decirte que el aprismo no es un hombre; y, por tanto, se puede dejar de creer en ciertos aspectos de un hombre o de un grupo de hombres, sin perder la fe en los principios rectores del aprismo. No olvidemos que entramos a formar un movimiento anticaudillesco, del cual fuiste y sigues siendo el más destacado caudillo, es decir anticuadillo…

            Veo que aludes a mi leguiísmo. Estás atrasado de reloj. En 1931, cuando hablaron de eso, estaban tan a mal traer los leguiístas y había tanta gente que protestaba no serlo, que jamás habría seguido yo ese procedimiento cobarde y de pésimo gusto. Nunca he abandonado barcos al garete ni que hacen agua. Ni abofeteado cadáveres. Pero, para tu información exclusiva: fui tres veces detenido bajo Leguía; éste, de su puño y letra, puso al lado de mi nombre el vocablo “mi enemigo” en marzo de 1930, cuando un amigo, sin mi consentimiento, quiso nombrarme para un cargo; no recibí un céntimo de ese gobierno, fuera de mi exiguo sueldo en la Biblioteca, y logré frustrar, como consta en La Crónica de mayo a julio de 1930, el homenaje que la Asociación de la Prensa, de que era presidente yo, le iba a hacer a Leguía…

            Además de que, en el peor de los casos, ser leguiísta es menos delictivo que estar al lado de quienes no vacilaron en 20 meses de poder en asesinar a algunos centenares de compañeros nuestros… Y la segunda y final rectificación: la señora, a que con tan poca caballerosidad te refieres, nunca fue a Ministerios, en plural, sino que un Ministro, amigo de casa hace 40 años, fue a casa de mi padre para darle unas explicaciones personales para mí, continuación de una charla que tú conociste por mí. Y esa señora, cuando Pancorvo le hizo una pregunta inspirada por alguno de tus proxenetas o informadoras, le contestó: “es falso: al contario, están más justos que nunca”…

            Insisto en que debemos recapturar la opinión continental, pero para eso necesitamos una línea más segura y precisa. De todos los sectores llueven críticas sobre la versatilidad y hasta “la claudicación” aprista… Y la verdad es que algunas actitudes lo justifican: el belicismo cuando lo del Ecuador, el exceso del ejército continental, la tesis de las buenas y malas intervenciones, etc…

            El tópico juvenil: insisto… Exaltarlos sólo para ser fuerza de choque, y prepararlos dentro de un militarismo formal y que quedará en bancarrota dentro de dos o tres años, no es contribuir a salvarla (a la juventud, Nota de este semanario). Al contrario: es ser enemigo de ella. No basta mantenerse libre del reuma para ser joven…

            Te repito, mi compromiso es con el partido, y a través de él con los millares de cholos que nos han otorgado su confianza y a quienes no podemos defraudar. Los hombres, bueno, si quieren entender, que entiendan. Si saben ser cordiales y no esparcir a los vientos cosas mínimas, y envenenar su propia atmósfera, tanto mejor. Consuelan la desdicha de haber nacido en una ciudad de tan poderosa sugestión que coge a los extranjeros en su corrupción y los enerva y deshace, desde Bolívar hasta la peste bubónica, sin perdonar a nadie. Cordialmente,

            Sumpo



[1] HILDEBRANT EN SUS TRECE
2010      “La batalla entre Haya y Sánchez”. Hildebrant en sus Trece. Lima, año 1, número 5, pp. 30-31.

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